Un mensaje a García

Mensaje

Una noche del 22 de febrero de 1899, Herbert Hubbert escribió un artículo del cual se han impreso más de cuarenta millones de ejemplares .

Este escrito se refiere una historia de la que es protagonista el teniente del ejército americano Andrew Summers Rowan .

Recordando un poco de la historia, era el año 1895, España invadió la nación de Cuba y comenzaron a oprimir brutalmente a sus ciudadanos. La situación se complicó tanto que las personas de la Habana escribían en las calles que querían ser liberadas de la opresión española.

El Presidente McKinley de EEUU, debido a la cercanía con Cuba y los intereses financieros con la isla, mandó la fragata “Maine” a estar vigilantes de lo que ocurría en la isla. Su objetivo principal no atacar a España sino como un esfuerzo pre-policial para que lo españoles supieran que había alguien con los ojos en lo que estaba sucediendo.

En febrero de 1898 una explosión hundió la fragata. Justo después de esto los EEUU declararon la guerra a España e iniciaron lo que nosotros conocemos como la guerra hispanoamericana. Antes de declarar la guerra, el presidente Mckinley llamo a su Jefe de Inteligencia Militar: El Coronel Arthur Wagner.

Él le dijo que necesitaba un hombre que pudiera encontrar a “García”.

Calixto García era el jefe de las fuerzas rebeldes de Cuba y estaba escondido en las selvas de la isla. El ejército español estaba tras García y no habían podido encontrarlo.

El Presidente Mckinley le pregunta al Coronel Wagner si tiene a alguien que puede llevar un mensaje a García. El Coronel Wagner responde: Si hay alguien que puede llevar este mensaje a García es el Teniente Summer Rowen.

Lo llamaron, le dieron la orden y se fue de inmediato sin hacer ni una pregunta. A las tres semanas llegó de vuelta con la respuesta de García. Había logrado la tarea.

Se dice que es el trabajo literario con mayor circulación durante la vida del autor en toda la historia.

El artículo que fue publicado sin título ni encabezamiento y es conocido como “Un mensaje a García”.

Este es el artículo;

En todo este asunto de Cuba hay un nombre que sobresale en el horizonte de mi memoria, como el planeta Marte en su perihelio. Cuando se declaró la guerra entre España y los Estados Unidos, era muy necesario comunicarse prontamente con el jefe de los insurrectos. Encontrábase García, allá, en la manigua de Cuba, sin que supiera su paradero. Era imposible toda comunicación con él por telégrafo o por correo. El presidente tenía que contar con su cooperación sin pérdida de tiempo. ¿Qué Hacer?

Se trajo a Rowan y se le entregó una carta que a su vez la entrega a García. De cómo fue que este hombre Rowan, tomó la carta, la selló en una cartera de hule, se la amarró al pecho, hizo un viaje de cuatro días y desembarcó de noche en las costas de Cuba en un bote sin cubierta; de cómo fue que se internó en las montañas y en tres semanas salió al otro lado de la isla, habiendo atravesado a pie un país hostil, y entregado la carta a García, son cosas que no tengo deseo especial de narrar en detalle. Pero sí quiero que conste que MacKinley, Presidente de los Estados Unidos, puso una carta en manos de Rowan para que éste la entregara a García. Rowan tomó la carta y no preguntó: “¿Dónde está García?”

¡Loado Sea Dios! He aquí un hombre cuya figura debe ser vaciada en imperecedero bronce y puesta su estatua en todos los colegios del país. No es la enseñanza de los libros lo que los jóvenes necesitan, ni la instrucción de esto o aquello, sino el endurecimiento de las vértebras para que sean fieles a sus cargos, para que actúen con diligencia, para que hagan lo que se les pide: Llevar el Mensaje a García.

No hay hombre que haya tratado de administrar una empresa que requiera mucho personal que, a veces, no se haya quedado atónito al notar la imbecilidad del promedio de los hombres, la inhabilidad o la falta de voluntad de concentrar sus inteligencias en una cosa dada y hacerla.

La asistencia irregular, la desatención ridícula, la indiferencia vulgar y el trabajo mal hecho, parecen ser la regla general, No hay hombre alguno que salga airoso de su empresa a menos que, quiérase o no, o por fuerza, obligue o soborne a otros para que le ayuden, o a menos que tal vez Dios Todopoderoso, en su bondad, haga un milagro y le envíe el Ángel de la Luz para que le sirva de auxiliar.

Usted, lector, puede hacer esta pregunta. Se encuentra en estos momentos sentado en su oficina. A su alrededor tiene seis empleados. Llama a uno de ellos y pídale lo siguiente.”Tenga la bondad de buscar en la enciclopedia y hágame un memorándun corto de la vida de Correggio.”

Cree que el empleado contestará: “Sí, señor”, y se marchará a hacer lo que usted le dijo?

Nada de eso. Lo mirará de soslayo y le hará una o más de las siguientes preguntas:

¿Quién era Correggio? ¿En cuál enciclopedia? ¿Dónde está la enciclopedia?, ¿Acaso fui empleado yo para hacer eso? ¿No querrá decir usted Bismarck? ¿Por qué no lo hace Carlos? ¿Murió? ¿Hay prisa para eso? ¿No sería mejor que le trajera el libro y usted mismo lo buscará? ¿Para qué quiere usted saberlo.

Y me atrevería a apostar diez contra uno, que después que haya contestado el interrogatorio y explicado la manera de buscar la información que necesita y por qué la necesita, su empleado se retirará y obligará a otro compañero a que le ayude a encontrar a GARCIA, regresando poco después diciéndole que no existe tal nombre . Desde luego, puede darse el caso de yo pierda la apuesta, pero según la ley de promedios, no debo perder.

Ahora bien, si usted sabe lo que tiene entre manos, no debe molestarse en explicar a su auxiliar que “Correggio” está indicado con “C” y no con “K”, sino que sonriente y de buen humor le dirá: “Está bien, déjelo”, y dicho esto se levantará y lo buscará usted mismo.

 

El mundo entero lo solicita a gritos, se necesita con urgencia al hombre que pueda llevar UN…

MENSAJE A GARCIA. “

Este artículo se difundió de mano en mano, lo dieron los ejércitos a sus soldados, las empresas a sus empleados y los padres a sus hijos.

Y todo ello porque acude al valor más básico de un trabajador, la actitud.

Actitud para afrontar y solucionar los problemas que se presenten con decisión y autonomía.

Actitud para hacer las cosas de forma diferente y no repetir una y otra vez el mismo trabajo.

Seguro que todos los directivos y líderes de grupo, cualquier persona, al dar una orden, desearían que sus colaboradores o subordinados tuviesen la iniciativa, la automotivación, el deseo, la obediencia, y el interés de cumplir dicha orden o petición, sin hacer preguntas aparentemente obvias, sin complicarse, con la eficiencia y eficacia como si lo hiciera uno mismo, y entregando resultados de alta calidad.

¿Que haría Ud. si le dieran un mensaje como a García?

 

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